El diafragma y la profundidad de campo

Flora Silvestre

El diafragma, en fotografía, es como ese gesto involuntario con el que decidimos a quién mirar y a quién dejar en la penumbra. Abrirlo demasiado es elegir lo íntimo, lo próximo, y relegar al resto a un olvido borroso, como ocurre con tantos recuerdos que prefieren no definirse. Cerrarlo, en cambio, es dar cabida a lo amplio, al conjunto, como quien no se atreve a decidir.

La apertura del diafragma influye directamente en la profundidad de campo, es decir, en la zona de la imagen que aparece nítida. Una apertura grande (como f/1.8 o f/2.8) reduce la profundidad de campo, aislando al sujeto del fondo mediante un desenfoque suave. Esta técnica es ideal para retratos o composiciones que buscan dirigir la atención. En cambio, una apertura pequeña (como f/11 o f/16) incrementa la profundidad de campo, manteniendo enfocados tanto el primer plano como el fondo, útil en paisajes o fotografía arquitectónica. Controlar el diafragma permite al fotógrafo decidir cuánta escena queda en foco y cómo se percibe.